La crítica del padre Paísi a lo insuficiente que resulta el punto de vista meramente científico

octubre 19th, 2011 § Dejar un comentario

El padre Paísi, discípulo del stárets Zosima, le recuerda a un joven huérfano lo siguiente:

Recuerda, joven, sin cesar [...], que la ciencia profana, convertida en una gran fuerza, se ha aplicado a examinar, especialmente durante este siglo, todo lo celestial que se nos ha legado en los libros sagrados, y después de un cruel análisis, a los sabios de este mundo no les ha quedado nada de lo que antes era sagrado, absolutamente nada. Pero han hecho el análisis por partes y han perdido de vista el conjunto, de modo que llega a sorprender hasta qué punto han sido ciegos. El conjunto se alza ante sus propios ojos inmutable, tal como era antes, y las puertas del infierno nada pueden contra él. ¿Acaso no ha vivido ese conjunto diecinueve siglos, acaso no vive también ahora en los movimientos de las almas individuales y en los movimientos de las masas del pueblo? ¡Vive, como antes, inmutable, hasta en las almas de esos mismos ateos que todo lo destruyen! Pues incluso quienes abjuran del cristianismo y se rebelan contra él, son, en el fondo, imagen del propio Cristo, lo siguen siendo, pues hasta hoy ni la sabiduría suya ni el calor de sus corazones han sido capaces de crear una imagen del hombre más elevada y digna que la imagen señalada por Cristo en otro tiempo. Las tentativas que en este sentido se han realizado, sólo han dado origen a monstruosidades. (Dostoievski: 298; II 4 i)

El punto de vista de la ciencia profana aniquila lo sagrado, pero no propone nada en su lugar. El peligro estaría en pretender que sí lo hace, puesto que daría cuenta de su total incomprensión de lo que es propiamente moral.

Para una entrada similar, con el stárets como protagonista, ver: La implacable crítica del stárets al modo de vida ateo contemporáneo.

Sobre los criados

octubre 3rd, 2011 § Dejar un comentario

En esta entrada veremos lo que el stárets Zósima puede decirnos acerca de la servidumbre.

En cuanto a los criados, añadiré lo siguiente: antes, cuando era joven, solía enojarme mucho contra ellos: «la cocinera ha servido la comida demasiado caliente», «el asistente no me ha limpiado el traje». Pero de súbito, me iluminó un pensamiento de mi querido hermano, a quien había oído decir en mi infancia: «¿Soy digno yo de que otro esté a mi servicio? ¿Con qué derecho le trato mal, por su miseria e ignorancia?» Y me asombré ya entonces de que en nuestra mente aparezcan tan tarde los pensamientos más sencillos, los más evidentes. No es posible prescindir de los servidores en el mundo, pero haz que tu criado sea más libre de espíritu que si no fuera criado. ¿Y por qué no puedo ser yo criado de mi criado, de tal modo que él lo vea, pero sin ningún orgullo por parte mía y sin desconfianza por parte suya? ¿Por qué no ha de ser mi criado como un pariente mío, de manera que lo admito, al fin, en mi propia familia y me alegro de ello? Esto es factible ya hoy, pero servirá de base a la unión futura, ya magnífica, de los hombres, cuando el individuo no se buscará criados ni deseará convertir en criados suyos a sus semejantes, como hace ahora, sino que, al contrario, deseará con todas sus fuerzas convertirse él mismo en servidor de los demás, según el Evangelio. (Dostoievski: 494-495; II 6 iii)

Sobre la factibilidad de su propuesta, añade:

¿Es posible que sólo sea un sueño creer que, al fin, el hombre encontrará sus alegrías sólo en la instrucción y en la caridad, y no en los goces crueles, como ahora, en la gula, en la lascivia, en la presunción, en la fanfarronería y en el envidioso afán de superar a los demás? Creo firmemente que no es así y que se acerca el tiempo esperado. (Dostoievski: 495; II 6 iii)

Al exponer sus ideas en público, aún joven, la verdad moral presente en su pensamiento no podía sino chocar con las costumbres de la época.

Después de mi duelo, cuando llevaba aún mi uniforme de oficial, me puse a hablar de los criados en sociedad, y recuerdo que todos se quedaban sorprendidos al oírme: «Entonces qué −decían−, ¿hemos de hacer sentar al criado en el diván y llevarle nosotros mismos el té?» Yo les respondí: «¿Y por qué no, aunque sólo fuer alguna vez?» Todos se rieron. Su pregunta era frívola y mi respuesta confusa; pero se me figura que había en ella cierta verdad. (Dostoievski: 496; II 6 iii)

Stárets dixit.

Sobre el infierno

julio 13th, 2011 § Dejar un comentario

En esta entrada veremos al stárets Zosima abordar el espinoso tema del infierno para el modo de creencia cristiano, y para la religión en general. Empezamos con una definición, propiamente moral:

«¿Qué es el infierno?» Me lo explico así: «Es el sufrimiento de no poder volver a amar jamás.» (Dostoievski: 501; II 6 iii)

Esta definición se contrapone con la más burda —y a todas luces absurda— imagen del infierno como un lugar material:

Se habla de las llamas del infierno en un sentido material: no quiero investigar este misterio y me da miedo, pero me figuro que si hubieran llamas materiales, se alegrarían en verdad de ellas, pues considero que en la tortura material se olvidarían, aunque sólo fuera por un instante, de su espantosa tortura espiritual. Además, es imposible librarse de esa tortura espiritual, pues no es externa, sino que se da en su interior. (Dostoievski: 502; II 6 iii)

El infierno como un lugar material es algo inaceptable el día de hoy, no sólo por su carácter fantástico, inaceptable para cualquier mente mínimamente ilustrada, sino por su clara contradicción con los más fundamentales principios del cristianismo.

El infierno debe pensarse como una condición que una persona, en la tierra, puede sufrir; su carácter eterno sería metafórico, y aludiría a que, al darse en la profundidad de su alma, en su interioridad más profunda, precisamente el hecho de estar aislado de otros, esto no puede pensarse como sometido a las condiciones espacio-temporales de la existencia sensible.

Oh, hay también en el infierno quienes siguen conservando su orgullo y su ira a pesar de poseer ya un conocimiento indiscutible y a pesar de contemplar la verdad irrefutable; los hay terribles, que se han identificado por completo con Satán y con su orgulloso espíritu. Para ésos, el infierno es algo ya aceptado voluntariamente y de lo que no pueden quedar nunca saciados; ésos son ya mártires de buen grado. Pues se han maldecido a sí mismos al maldecir a Dios y la vida. Se nutren de su propio orgullo maligno, como si el hambriento en el desierto empezara a sorber la sangre de su propio cuerpo. Pero, insaciables por los siglos de los siglos, rechazan el perdón y maldicen a Dios, que los ama. No pueden contemplar sin odio al Dios vivo y piden que no haya Dios de la vida, que Dios se aniquile a sí mismo y que aniquile cuanto ha creado. Y arderán eternamente en el fuego de su ira, anhelarán la muerte y el no ser. Pero no recibirán la muerte… (Dostoievski: 503; II 6 iii)

La verdad irrefutable, el Dios vivo, no sería más que la existencia del bien moral en los corazones de los seres humanos, y en sus obras, del cual uno se estaría privando para siempre.

Sobre la mentira interior

junio 28th, 2011 § 3 comentarios

La mentira más peligrosa desde el punto de vista moral es la mentira a uno mismo: el autoengaño. El stárets Zosima lo identifica en diálogo con una devota:

Sobre todo, evite la mentira, toda mentira, en particular la mentira consigo misma. Observe su mentira y no deje de mirarla cada hora, cada minuto. Evite también la repulsión hacia los demás y hacia sí misma: lo que en su interior le parezca malo, por el mero hecho de que lo vea usted en sí se purifica. Evite el miedo también, aunque el miedo nunca es más que la consecuencia de la mentira. (Dostoievski: 145; I 2 iv)

Combatir la mentira interior resulta de fundamental importancia para identificar y sobreponernos al ya mencionado mal radical propio de nuestra naturaleza.

La crítica del maestro del stárets al aislamiento propio de nuestra época

junio 23rd, 2011 § 1 comentario

Si bien no una expresión directa del pensamiento del stárets Zosima, estas palabras de uno de sus maestros, el misterioso visitante Mijail —cuya impresionante historia será tema, quizás, de alguna entrada futura—, influyeron enormemente en su carácter, por lo que las reproducimos acá.

«¿A qué aislamiento se refiere?», le pregunto. «Al que ahora, sobre todo en nuestro siglo, reina en todas partes, mas no se ha terminado aún ni le ha llegado el plazo final. Pues ahora cada individuo se esfuerza por destacar su rostro en todo lo posible, quiere experimentar en sí mismo la plenitud de la vida, aunque lo único que alcanza con todos sus esfuerzos, en vez de su plenitud, es un suicidio, porque cae en un aislamiento absoluto en lugar de procurarse la total definición de su ser. En nuestro siglo todo se ha dividido en unidades, cada individuo se aísla en su madriguera, cada uno se aleja de los otros, se esconde, oculta lo que tiene, y termina apartándose de los hombres y apartando a los demás de su lado. Acumula riquezas solitario, y piensa: cuán fuerte soy ahora y cuán cubierto estoy de las necesidades, y no ve, insensato, que cuanto más acumula, tanto más se hunde en la suicida impotencia. Pues se acostumbra a confiar únicamente en sí mismo, a separarse del todo como unidad, acostumbra su alma a no creer en la ayuda humana, en los hombres ni en la humanidad, y no hace sino temblar pensando que puede perder su dinero y los derechos que con él ha adquirido. Por todas partes ahora la mente del hombre empieza a perder de vista, de modo ridículo, que la única seguridad del individuo no radica en su esfuerzo personal aislado, sino en la integridad global de los esfuerzos humanos. Pero no hay duda alguna de que a ese espantoso aislamiento también le llegará el fin, y todos comprenderán a la vez, de qué manera tan artificiosa se habían separado unos de los otros. Tal será el espíritu de la época y se sorprenderán de haber permanecido tanto tiempo en las tinieblas y no haber visto la luz. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en los cielos… Pero hasta entonces es necesario, de todos modos, conservar la bandera; no hay quien lo haga, pero de pronto un hombre, aunque sea él solo, ha de dar ejemplo, y sacando el alma de la sociedad ha de realizar el acto heroico de la comunicación fraterna, aunque haya de pasar por un simple. Eso, para que no muera la gran idea…» (Dostoievski: 476-477; II 6 ii)

Se puede notar la semejanza con la crítica más madura de nuestro stárets en esta entrada anterior.

La salvación (o sobre la presencia de la doctrina de los dos mundos en el pensamiento del stárets)

junio 18th, 2011 § 2 comentarios

Es razonable que lo que consideramos estamos obligados en la tierra sea una consecuencia de la forma misma en que nos concebimos.

En las siguientes palabras del stárets Zosima se empieza a volver más clara su ya mencionada doctrina del mal radical, que sólo puede entenderse haciendo una alusión a un mundo distinto al terrenal.

Mas no nos adelantemos. En esta primera parte se introduce la figura del orgullo satánico, que sirve como contracara del mal radical, y consiste precisamente en no reconocer nuestra responsabilidad absoluta de todos los pecados del mundo. Veamos:

No hay más que un medio de salvación; toma sobre ti todos los pecados y hazte responsable de ellos. En verdad, así es, amigo mío, pues tan pronto como te haces sinceramente responsable de todo y de todos, ves enseguida que, en realidad, eres culpable por todos y por todo. Pero si cargas tu propia pereza y tu impotencia sobre los demás, acabarás haciendo tuyo el orgullo satánico y empezarás a murmurar contra Dios. En cuanto al orgullo satánico, pienso lo siguiente: nos es difícil en la tierra llegar a comprenderlo, y por eso resulta tanto más fácil caer en el error y aceptar el orgullo demoniaco, creyendo, además, que hacemos algo grande y admirable. Tampoco podemos llegar a comprender mucho de lo que hay en los sentimientos y movimientos más fuertes de nuestra naturaleza mientras dura nuestra existencia terrena, pero no te escandalices por ello y no creas que ello pueda servirte de justificación alguna, pues el Juez eterno te pedirá cuentas de lo que has podido comprender y no de lo que está fuera de tu alcance; tú mismo te convencerás de que es así y entonces todo lo verás con acierto y ya no te pondrás a discutir. La verdad es que pasamos por la tierra como a tientas, y, de no tener delante la preciosa imagen de Cristo, sucumbiríamos y nos perderíamos por completo como el género humano antes del diluvio.

Sería un grave error tomar las palabras de nuestro stárets de forma literal, pues estaríamos tratando este otro mundo como una imagen alienada de nuestra propia perfección.

En realidad, la figura de este otro mundo hace referencia a la capacidad autónoma de nuestra conciencia moral, y a la idea de perfección moral que contiene, identificada por el stárets con Cristo, y que es imposible de explicar en términos puramente sensibles.

Sin recurrir a esta perfección que sólo podemos pensar de forma sobrenatural (aunque nunca explicar), no podríamos extraer obligación moral alguna del caos que constituyen los sentimientos y movimientos de nuestra naturaleza.

De forma análoga, Immanuel Kant, por ejemplo, sólo puede hacer inteligible la fuente del deber moral si la colocamos no en el mundo de los fenómenos, empíricamente observables, sino meramente en un mundo pensado, del cual no podemos afirmar nada, pero cuya mera posibilidad permite pensar de forma compatible con las leyes naturales la libertad de nuestro albedrío.

Hay en lo que sigue, justamente, una probable alusión al pensamiento del filósofo alemán. Continúa:

Muchas son las cosas de la tierra que se nos mantienen ocultas; en cambio, se nos ha concedido el don, misterioso y secreto, de percibir nuestro nexo vivo con el mundo del más allá, con un mundo superior y mejor, aparte de que las raíces de nuestros pensamientos y sentimientos no se dan aquí, sino en otros mundos. Por eso dicen los filósofos que no es posible llegar a conocer en la tierra la esencia de las cosas. Dios tomó semillas de los otros mundos, las sembró en la tierra y cultivó su jardín; ha brotado cuanto podía brotar, pero lo que se ha criado vive y se conserva vivo sólo gracias a la sensación del propio contacto con los otros mundos misteriosos; si tal sentimiento en ti se debilita o se aniquila, muere también lo que en ti ha germinado. Entonces te vuelves indiferente a la vida y hasta llegas a odiarla. Esto es lo que yo pienso. (Dostoievski: 498-499; II 6 iii)

Stárets dixit.

Las acusaciones al modo de vida del stárets después de su muerte (o sobre el ascetismo)

junio 16th, 2011 § 1 comentario

Tras la muerte del stárets Zosima, un suceso completamente irrelevante suscitó, no obstante, ciertas dudas entre sus seguidores, y abrió el camino para los críticos de su forma de vida, liderados por el padre Ferapont, temible asceta.

[...] sobre el stárets recién fallecido se derramaron no ya las críticas, sino incluso las acusaciones: «Sus enseñanzas eran erróneas; afirmaba que la vida es un gran gozo y no una sumisión que arranca lágrimas», decían algunos de los más cerriles. «Creía según la nueva moda, no admitía el fuego material en el infierno», añadían otros aún más torpes que los primeros. «No era muy riguroso con el ayuno, se permitía regalarse con cosas dulces, tomaba el té con confitura de guindas, le gustaba mucho, las señoras se lo mandaban… ¿Es propio de un asceta tomar té?», se oía decir a otros, envidiosos. «Estaba lleno de orgullo —recordaban con crueldad los más malvados—, se consideraba un santo, se hincaban de rodillas ante él y lo aceptaba como si así le correspondiera». «Abusaba del sacramento de la confesión», añadían con rencoroso susurro los más fieros enemigos del modo de vida de los stárets, entre ellos, algunos de los monjes más viejos y más rigurosos en su piedad, grandes observadores de las reglas del ayuno y del silencio, que habían permanecido callados en vida del difunto, pero que, de pronto, abrían sus bocas [...]. (Dostoievski: 515-516; III 7 i)

El ya mencionado padre Ferapont representa el lado opuesto de la vida monacal, vive en aislamiento, sin hablar con nadie, y a base de pan y agua. También arremete contra nuestro stárets, tras irrumpir en su velatorio:

¿Por qué he venido, venerable padre? ¿Esto me preguntas? ¿Qué te figuras? [...] He venido a expulsar a vuestros huéspedes, a los sucios demonios. Quiero ver si habéis recogido muchos en ausencia mía. Quiero barrerlos a todos con una escoba de abedul. [...] Soy impuro y no santo. ¡No me siento en un trono ni me elevo para que me veneren como a un ídolo! [...] Hoy los hombres echan a perder la fe santa. El difunto, vuestro santo [...], no creía en los demonios. Contra ellos daba purgas Así han proliferado entre vosotros, como las arañas por los rincones. [...]  No observaba los ayunos que le correspondían por su condición de asceta [...]. Se deleitaba con los caramelos que le traían las damas en los bolsillos, disfrutaba tomando té, ofrecía sacrificios al vientre, se lo llenaba de golosinas, a la vez que llenaba el espíritu de orgullosos pensamientos… (Dostoievski: 518-519; III 7 i)

Y es que el padre Ferapont creía, efectivamente, ver demonios en todos lados, demonios que identificaba con el pecado ajeno, y que, en sí mismo, creía combatir con su riguroso ascetismo. Un combate solitario… e inútil.

La doctrina del stárets Zosima, que hemos denominado mal radical, consiste en identificar el pecado no en ciertas acciones o conductas, sino en la disposición última de nuestra voluntad (o en lo más profundo de nuestros corazones).

Lo que nos lleva a hablar acerca del ascetismo.

Si bien es congruente con la búsqueda de perfeccionamiento moral la negación de ciertos placeres materiales, un ascetismo que tenga su prioridad en el aspecto corporal está apuntando ciertamente muy lejos del blanco… El pecado, o el mal, debe combatirse, antes que nada, dentro de uno mismo (aceptando la responsabilidad última de todos los pecados del mundo, de cada uno de ellos), y de forma paralela, en comunidad con otros.

Esta lucha no tiene por qué ser sombría, sino que debe estar llena de gozo.

La implacable crítica del stárets al modo de vida ateo contemporáneo

junio 15th, 2011 § 2 comentarios

No es secreto el desprecio —por lo general, justificado— que desde hace un par de siglos se incrementa —aunque lentamente— en torno a la superstición religiosa y al fanatismo.

Es una consecuencia necesaria de la gradual pérdida de poder coercitivo de instituciones corruptas como la Iglesia Católica.

No obstante, esta visión negativa —y reitero: justificada— de cierta religiosidad —falsa— muchas veces oculta la dimensión profundamente valiosa de una verdadera praxis religiosa, y el ateo —al negarla en su totalidad— corre el riesgo de caer en una visión superficial de su existencia.

El stárets Zosima —nuestro stárets— lo expresa categóricamente de la siguiente forma:

Mirad a los laicos y todo lo que se exalta como superior ante el pueblo creyente: ¿no han quedado desfiguradas, en ese mundo, la imagen de Dios y su verdad? Ellos tienen la ciencia, mas en la ciencia sólo se encuentra lo que está confirmado por los sentidos. En cuanto al mundo espiritual, la mitad superior del ser humano, se rechaza en redondo, se destierra con cierta solemnidad, hasta con odio. El mundo ha proclamado la libertad, sobre todo en estos últimos tiempos, ¿y qué vemos en esta libertad suya? ¡Nada más que la esclavitud y el suicidio! El mundo dice: «Tienes necesidades; dales, pues, satisfacción, tienes los mismos derechos que las personas más nobles y ricas. No temas darles satisfacción, al contrario, hazlas aún mayores», tal es la doctrina actual en el mundo. En eso ven la libertad. ¿ Y qué resulta de este derecho a aumentar las necesidades? Por parte de los ricos, la soledad y el suicidio espiritual; por parte de los pobres, la envidia y el asesinato, pues el derecho de satisfacer las necesidades se lo han dado, mas sin indicarle todavía con qué medios. Afirman que el mundo, cuanto más avanza, tanto más se une, que va constituyendo una comunidad fraterna a medida que se van acortando las distancias y se van transmitiendo los pensamientos por el aire. ¡Ay! No creáis en semejante unión de los hombres. Entendiendo la libertad como un aumento y una pronta satisfacción de necesidades, deforman su propia naturaleza, pues engendran en sí mismos muchos deseos carentes de sentido y estúpidos, costumbres y quimeras insensatas. Viven sólo para envidiarse unos a otros, para la satisfacción carnal y la presunción.

Ouch. Continúa:

Dar banquetes, viajar, tener coches, dignidades y servidores esclavos, se considera ya tal necesidad a la que se sacrifica hasta la vida, el honor y el amor al prójimo, y hasta se matan si no pueden satisfacerla. En aquellos que son menos ricos, observamos lo mismo, mientras que entre los pobres por ahora la insatisfacción de las necesidades y la envidia se ahogan con la borrachera. Pronto, sin embargo, se emborracharán con sangre en vez de vino, a eso los conducen. Yo os pregunto: ¿es libre un hombre semejante? Conocí a un «luchador por la idea», quien me contó que en la cárcel, cuando le privaron de tabaco, sufrió tanto a causa de dicha privación, que, a cambio de tabaco, por poco traiciona su «idea». Y un hombre así dice: «Voy a luchar por la humanidad.» Bueno, ¿a dónde irá ese hombre y de qué es capaz? Quizá, de una acción rápida, pero no resistirá mucho tiempo. No es de extrañar que en vez de encontrar la libertad hayan hallado la esclavitud, y en vez de servir a la fraternidad y a la unión de los hombres hayan caído, por el contrario, en la desunión y la soledad, como me dijo mi maestro. Esa es la razón de que en el mundo se vaya apagando cada vez más la idea de servir a la humanidad, la idea de hermandad y unidad humanas; no puede negarse que esta idea es acogida ya hasta con burla, pues, ¿cómo librarse de las propias costumbres, a dónde irá ese esclavo, si está tan acostumbrado a satisfacer sus necesidades incontables, por él mismo inventadas? Vive en la soledad moral y poco le importa la colectividad. Lo que han logrado ha sido acumular muchas más cosas, pero la alegría se ha hecho menor. (Dostoievski: 489-490; II 6 iii)

La crítica, de mediados del siglo XIX, sigue vigente —quizás más que nunca— todavía hoy.

Sobre la plegaria como educación moral

junio 12th, 2011 § Dejar un comentario

El stárets Zosima nos guía acerca de cómo podemos concebir la plegaria para que se vuelva un elemento educativo y con significación en nuestras vidas.

Joven, no te olvides de rezar. En tu plegaria, si es sincera, fulgurará un nuevo sentimiento y en él se dará una nueva idea que tú antes desconocías y que volverá a reanimarte; y comprenderás que la plegaria es educación. Recuerda aún: cada día y siempre que puedas, repite en tu fuero interno: «Señor, perdona a todos los que ante ti comparezcan en este momento.» Pues a cada hora y a cada instante miles de personas dejan su vida en la tierra y sus almas se presentan ante el Señor. Y cuántas, entre ellas, se han separado de la tierra en plena soledad, sin un amigo al lado, tristes y angustiadas de que nadie las compadezca y de que nadie sepa de ellas, ni siquiera, si han vivido o no. Y es posible que, desde el otro extremo de la tierra, tu plegaria se eleve a Dios por el alma de un ser humano aunque tú no le hayas conocido nunca ni te haya conocido él a ti. Cuan conmovedor ha de ser para esa alma desconocida, llegada presa de miedo ante el Señor, sentir en ese instante que también hay quien reza por ella, y ha quedado en la tierra un ser humano que también a ella la quiere. Dios os mirará con más misericordia al uno y al otro, pues si tú has sentido por ese hombre tanta compasión, tanto más le compadecerá Él, que es infinitamente más misericordioso y capaz de amar que tú. Y le perdonará por ti. (Dostoievski: 496; II 6 iii)

Rezar, por supuesto, no tiene que limitarse a la repetición de fórmulas vacías.

La vida monacal y el mal radical de nuestros corazones

junio 11th, 2011 § 5 comentarios

Es momento de presentar uno de los aspectos fundamentales del pensamiento del stárets Zosima: la doctrina que denominaremos mal radical (nombre tentativo), y en esta entrada en particular, su relación con la vida monacal, en reclusión.

Por haber venido aquí y habernos encerrado entre estas paredes no somos más santos nosotros que quienes viven en el mundo; al contrario, todo aquel que viene aquí, por este solo hecho, reconoce en sí mismo que es peor que los seglares, peor que todos y todo en la tierra… Y cuanto más tiempo viva luego el ermitaño entre sus paredes, tanto más profundamente ha de comprender esta verdad. Pues, en caso contrario, no tenía por qué haber venido aquí. Únicamente cuando comprenda que no sólo es peor que todos los seglares, sino que es culpable por todos y por todo ante todas las personas, por todos los pecados del hombre, colectivos y personales, sólo entonces alcanzará el fin de nuestro aislamiento. Pues tenéis que saber, estimados míos, que cada uno de nosotros es culpable por todos y por todo en la tierra, sin duda alguna, no sólo de la culpa general de la humanidad, sino por todos y por cada uno de los hombres en particular, en esta tierra. Esta conciencia es la corona de la vida monacal y de todo hombre en este mundo. Pues los monjes no son hombres distintos de los demás, sino hombres como todos deberían ser en la tierra. Sólo entonces se sumirán nuestros corazones en el amor infinito, universal, nunca saciado. Entonces cada uno de vosotros encontrará en sí fuerzas para ganarse al mundo entero con el amor y para lavar con sus lágrimas el pecado del mundo… Que cada uno se mantenga cerca de su corazón, que cada uno se confiese sin cesar. No temáis vuestro pecado ni siquiera teniendo de él conciencia mientras os arrepintáis, pero no presentéis condiciones al Altísimo. Sobre todo os digo que no seáis orgullosos. (Dostoievski: 288; II 4 i)

¿Cómo entender semejante responsabilidad?

Amor humilde, una breve introducción

junio 11th, 2011 § Dejar un comentario

La finalidad de este blog es la difusión del pensamiento del stárets Zosima, personaje de ficción creado por Fiódor Dostoievski, y presente en su obra cumbre: Los hermanos Karamázov.

La figura del stárets Zosima está a su vez inspirada en San Ambrosio de Optina, monje stárets admirado por Dostoievski. El blog, no obstante, se enfocará en el personaje de ficción.

San Ambrosio de Optina

No concibo mejor comienzo para este proyecto que las siguientes palabras del stárets Zosima:

[...] al ver el pecado de los hombres, [...] te preguntas: «¿Hay que recurrir a la fuerza, o al amor humilde?» Decide siempre: «recurriré al amor humilde». Decídelo así de una vez para siempre y podrás conquistar el mundo entero. El amor humilde es una fuerza terrible, la más potente de todas las fuerzas; nada hay que se le pueda comparar. (Dostoievski: 497; II 6 iii)

Ajá.

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